Fran Ros

Vi muchos rostros alegres, ilusionados y esperanzados durante estos dos días. Algunos jóvenes, la mayoría adultos, algunos conocidos, la mayoría anónimos, pero todos con la ilusión y con el deseo de que algo bueno podía pasar.

Y es que tener la oportunidad de encontrarnos, de escucharnos y de participar era y es necesario en nuestra iglesia. Esto quisimos hacer en el Congreso del 27 y 28 de noviembre.

Es evidente que en un fin de semana no podemos hablar de todo, ni podemos solucionar algunos graves problemas, ni tampoco podemos definir concretamente qué es lo que hay que hacer. Pero creo que el laicado necesitábamos un signo, un momento, un lugar para recordarnos la importancia de lo que llevamos entre manos; ni más ni menos que el anuncio de Jesús, hijo y hermano. El anuncio del Reino que él nos ha desvelado como el deseo de Dios para todas las personas.

Viendo esos rostros, me parece que pudimos lograr este encuentro, esta participación, y el sentirnos hermanos, Iglesia en misión en medio de nuestro mundo, de nuestras familias, de nuestros compañeros y nuestros vecinos.

Me tocó coordinar la oración de la mañana y la de la tarde del sábado y la eucaristía del domingo. Y volví a sentir, como en otras ocasiones, la disponibilidad de la buena gente de nuestras parroquias y nuestros movimientos que tenemos siempre a nuestro lado. Las casi 100 personas que colaboraron, lo pusieron fácil. Quisimos hacer un coro sencillo, no muy numeroso para la oración del sábado y la eucaristía del domingo para que pudieran “sostener” los cantos y hacer más fácil que la asamblea cantara. Estoy contento porque la asamblea cantó y rezó. Rezamos cantando juntos, laicas, laicos, religiosos, nuestros sacerdotes, nuestros obispos…Me parece muy importante. Creo que más de lo que puede parecer. El canto y la música nos ayuda a expresar lo que llevamos en el corazón y hacerlo juntos, siendo un signo de unidad, más aún. Ciertamente los cantos podrían haber sido otros; más bonitos, mejores, más conocidos… pero no era lo más importante. Rezar cantando, al ritmo de la música, nos ayuda a acercarnos con sinceridad al Señor.

La oración festiva de la tarde quiso recoger algunas de las palabras y gestos trabajados durante todo el sábado en las ponencias y en los talleres. Junto con Juan Peris y el coro del colegio salesiano San Juan Bosco de Valencia diseñamos estos 40 minutos de texto, canción, música e imagen para dar gracias a Dios por este encuentro y este trabajo en común, para mostrar la alegría, la ilusión y la esperanza en que todo puede ir mejor si como personas laicas seguimos escuchándonos y confiando en el Señor. Algunas personas nos agradecieron este momento final del sábado. Y volví a ver esos rostros ilusionados, alegres, gozosos de haberse encontrado con los hermanos y con el Señor. También los vi en los músicos y en los cantantes. Para ellos fue también una experiencia muy positiva. Siento que el tiempo invertido en los ensayos y en el montaje de sonido dio sus frutos. Agradezco profundamente a los técnicos de Música y Compromiso y a los del Palacio de Congresos su profesionalidad. También a todas las personas de las diferentes parroquias que participaron en el coro estos dos días, tocando, cantando y animando la asamblea. Sigamos cantando, sigamos diciendo: ¡Ven, ven y verás, como es posible amar

Fran Ros

Miembro de la comisión coordinadora del Congreso
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